6:21 -
Psicología
No comments
Psicología
No comments
Control.
Nos encanta controlar todo.
El control nos da seguridad. La certeza de que manejamos la situación, de que podemos predecir lo que ocurrirá (y no nos equivocaremos, o la posibilidad de que así sea es mínima) junto al conocimiento (falso) de que no se escapa nada de nuestro alcance; nos vuelve más fuertes (aparentemente). Nos sentimos como pequeños dioses moviendo fichas, creyendo saber exactamente cuantos movimientos necesitamos para matar al rey (jaque mate) sin que las circunstancias nos lo impidan.
No deja de ser una ilusión. En realidad hay infinidad de circunstancias, hasta el más ínfimo peón puede trastocarnos la partida, y ahí es cuando el jaque mate cambia de dirección. La sensación de control desaparece por completo, y se cambian los papeles. Nos sentimos vulnerables, como si no conociéramos el tablero y nos paralizamos. Un sólo movimiento que no estaba planeado en nuestros esquemas mentales y ya no sabemos cómo actuar. Mucho menos disfrutar del desafío que se nos presenta.
No puede predecirse una partida entera estando atento solo a la mitad del tablero, pretendiendo que éste es ajeno a todo. Un movimiento y parar. Reflexionar de nuevo. Dejar mover ficha al rival de en frente. Parar de nuevo. Valorar cada movimiento, y que este no sea en vano. Sólo se tiene el control en cada turno, lo demás se nos escapa y es lo que realmente le da emoción (vida) al juego.
Un jaque inesperado que conseguimos bloquear nos da la satisfacción que jamás nos podrá llegar a dar el (des)control.

0 comentarios:
Publicar un comentario